SÚPLICA DE UN ALUMNO A SU MAESTRO/poesía

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Laureano Luna Montalban.

Maestro:

Tú me has de guiar y luz a mi alma, ten conciencia de su fragilidad.

No me mires con ceño adusto.

Si no te comprendo todavía, ten paciencia.

No siempre reprima tu gesto mis impulsos.

No te moleste mi bulliciosa alegría.

 

Que nunca tus problemas personales repercutan en nosotros,

Recuerda que tus sentimientos se siembran en nuestro corazón,

Danos amor, confianza, fuerza de voluntad

Y deseos de superación y nunca siembres odio,

Desconfianza o desesperación.

No llenes mi débil inteligencia con nociones superfluas.

Enséñeme lo útil, lo verdadero, lo bello.

 

Maestro: que mis ojos aprendan a ver y mi alma a sentir,

Desentraña la belleza de cuanto nos rodea y házmela gustar.

Trátame con dulzura, maestro, ahora que soy pequeño; quien sabe qué dolores me deparara el destino,

Y, en medio de ellos el recuerdo de tu benevolencia,

Será para mí un estímulo.

 

No me riñas injustamente;

Averigua bien la causa de mi falta,

Y verás casi siempre atenuada mi culpabilidad.

 

Ámame maestro, como ama el padre a sus hijos,

Porque yo también, aunque no sepa mostrártelo,

Te amaré mañana mucho más que hoy,

Cuando comprenda tus enseñanzas.

 

Si tú enseñas con amor,

Tus lecciones serán provechosas;

Pero si no me amas no podré comprenderte nunca.

 

Cultívame, maestro, como jardinero a las florecitas

Que le dan encanto y aroma; yo también perfumaré tu existencia

Con el incienso perene del recuerdo y la gratitud.

 

Recuerda que no hay semilla que no dé frutos si es cultivada con amor;

Yo he de ser tu obra maestra,

Procura enorgullecerte de ella.

 

Maestro, mi buen maestro, que has de dar luz a mis ojos

Alimento a mi cerebro, bondad a mi corazón,

Belleza a mi alma, verdad a mis palabras, rectitud a mis actos: ¡No desoigas mi suplica!