Conservadores y mentirosos quienes pretenden separar quehacer intelectual con la política: AMLO

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Centenario luctuoso

*Presidió en Jerez, Zacatecas, centenario luctuoso del poeta zacatecano Ramón López Velarde

En Jerez, Zacatecas, en el centenario luctuoso del poeta Ramón López Velarde, el presidente Andrés Manuel López Obrador recordó que muchos en el mundo de las letras sostienen que no debe vincularse a los quehaceres intelectual y artístico con la política.

Y aunque quienes así piensan casi siempre pertenecen al agrupamiento conservador, se refugian de esa manera en una pretendida objetividad, en la moderación del supuesto apartidismo o tratan de engañar, afirmando que son independientes y apolíticos, cuando en realidad dicha postura es una forma fingida de tomar partido.

Ante el gobernador Alejandro Tello, Beatriz Gutiérrez Muller, su esposa; la secretario de Cultura, Alejandra Faustro y autoridades estatales y municipales, el presidente López Obrador dijo que Ramón López Velarde es un grande, no sólo por su poesía, sino también porque en su escasa vida pública se adhirió con convicción y fervor al movimiento democrático encabezado por Francisco I. Madero, el Apóstol de la Democracia.

Recordó que el maestro Carlos Pellicer, hablando sobre el tiempo y la vida, que estuvo hace 100 años exactamente en los funerales de López Velarde, decía que la vida era demasiado corta para desperdiciarla en cosas que no valían la pena; sin embargo, no todos los intelectuales pensaban y actuaban de manera consecuente. En los tiempos de López Velarde casi todos los escritores y poetas eran porfiristas, y algunos incluso colaboraron con el siniestro general golpista Victoriano Huerta.

La gran escritora Elena Garro, en su libro Revolucionarios mexicanos, reafirma que, a pesar de los crímenes, las adhesiones más calurosas de la intelectualidad mexicana le llovían al chacal, y enlista a sus integrantes: Othón de Mendizábal, Alejandro Quijano, José Castillo, Luis Castillo Ledón, Genaro Estrada, los Vázquez Gómez, Francisco Castillo Nájera, Miguel Lanz Duret, Luis Pérez Verdía, Fernando Ramírez de Aguilar, José de Núñez y Domínguez, Carlos Pereira, Jesús Flores Magón, Eduardo Ocaranza, Amado Nervo, José Ferrel, Miguel Lerdo de Tejada, Salvador Cordero, Manuel Gamio, Ezequiel Padilla, Rafael López y Enrique González Martínez.

Dice Elena Garro: ´Aplaudían los epítetos de Juan José Tablada, dedicados, dirigidos a Huerta’. Decía Tablada, de Huerta: ‘Venerable figura, arquetipo glorioso de lealtad, héroe de abnegación el de rostro austero y viril, el estadista que simboliza el deber’.

Indicó el presidente que, quizá, el caso más patético sea el de Salvador Díaz Mirón. Este veracruzano fue un gran poeta y un hombre muy culto en los albores del porfiriato. Junto con Manuel Gutiérrez Nájera y Juan de Dios Peza formó parte de la llamada Trinidad Literaria de la Nueva Generación. No obstante, en el terreno político, moral, fue inconsecuente y acomodaticio, se comportó con dignidad y decoro sólo en la primera etapa de su vida pública.

La buena época política de Díaz Mirón, que coincide con la primera vez que fue diputado federal, tiene también una relación estrecha con la creación de sus mejores poemas. Por ejemplo, en 1988 publica Espinelas y en sus versos expresa de manera magistral su irreverente rebeldía; ello explica por qué llegó a ser tan admirado por el entonces joven Rubén Darío.

Decía Díaz Mirón: ‘Que como el perro que lame la mano de su señor, el miedo ablande el rigor con el llanto que derrame; que la ignorancia reclame al cielo el bien que le falta.

‘Yo, con la frente muy alta, cual retando al rayo a herirme, soportaré sin rendirme la tempestad que me asalta.

‘No esperes en tu piedad que lo inflexible se tuerza, yo seré esclavo por fuerza, pero no por voluntad.

‘Mi indomable vanidad no se aviene a ruin papel. ¿Humillarme? Ni ante aquel que enciende y apaga el día.

‘Si yo fuera ángel, sería el soberano ángel Luzbel. El hombre de corazón nunca cede a la malicia, no hay más Dios que la justicia ni más ley que la razón.

Sujetarme a la presión de levita o el escriba, doblegar la frente altiva ante torpe soberanos, yo no acepto a los tiranos, ni aquí abajo, ni allá arriba.’

Sin embargo, la vida pública de Díaz Mirón es hasta vergonzosa. Al ser electo por segunda ocasión como diputado sólo subió una vez a la tribuna y fue para justificar la permanencia de Porfirio Díaz en el poder porque, según el poeta, ‘las entrañas maternales y el destino de la nación nunca, jamás lograrán combinar de nuevo una naturaleza superior como la del general Díaz, con circunstancias y ocasiones que le revisten de esplendor. Sólo la magia de la historia -sostenía Díaz Mirón- explicaría la repetición del fenómeno’.

Por su conducta abyecta, Díaz Mirón no sólo hizo el ridículo en el terreno político, sino que también perdió su creatividad artística, se fue degradando en lo literario. Por ejemplo, se le encargó el poema para la inauguración de la Columna de la Independencia, el Ángel, el 16 de Septiembre de 1910, y causó mucha desilusión escuchar a quien era considerado el vate más grande de México. Versos carentes de ritmo y sobre todo recitar en alabanza de Porfirio, cito, ‘que su orden y su grandeza de la nación acredita de sabia tu proeza -la de Porfirio- y hoy una libertad, hija de un fuerte, consagra un esplendor que cumple un siglo’, indicó.